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Trasplante Hepático por Hepatitis Autoinmune

INTRODUCCIÓN
La hepatitis crónica autoinmune es una enfermedad idiopática, caracterizada por la existencia de inflamación hepática y datos sugestivos de estar mediada por mecanismos inmunes como la existencia de autoanticuerpos, hipergammaglobulinemia, enfermedades autoinmunes asociadas, y buena respuesta al tratamiento con esteroides. A pesar de tener un tratamiento eficaz, éste fracasa en una minoría de casos, en que puede ser necesario realizar un trasplante hepático.
Desde hace años se sabe que la enfermedad a veces recurre en el injerto. El conocimiento de este hecho ha afianzado las teorías etiopatogénicas de la enfermedad, basadas en la existencia de alteraciones en los mecanismos inmunológicos del receptor, que no se modifican después del trasplante, y que por tanto predisponen a que la enfermedad se reproduzca de nuevo en el órgano trasplantado.
Por las características de la enfermedad, en la que probablemente existe una hiperreactividad del sistema inmune, estos pacientes merecen una consideración especial respecto al manejo de la inmunosupresión en el postrasplante.

CONCEPTO Y ETIOPATOGENIA
Para llegar al diagnóstico de hepatitis autoinmune se requiere que el paciente presente una serie de hallazgos característicos, aunque ninguno de ellos es patognomónico. La hepatitis autoinmune afecta típicamente a mujeres en un 70% y más del 50% de los pacientes son menores de 30 años. Clínicamente puede presentarse como una hepatitis aguda, aunque lo más habitual es que curse de manera solapada con discreta hipertransaminemia. Histológicamente, las anormalidades bioquímicas se traducen en el hallazgo de una hepatitis periportal que frecuentemente sobrepasa la limitante y afecta el lobulillo. El infiltrado portal es típicamente linfoplasmocitario. La necrosis y fibrosis puede extenderse hasta las venas centrales del lobulillo, formando puentes de fibrosis y finalmente evolucionando hasta la cirrosis. Es también característica la existencia de fenómenos de autoinmunidad como hipergammaglobulinemia, y presencia de autoanticuerpos (antinucleares, antimúsculo liso o anticuerpos antimicrosomales de hígado-riñón (LKM, liver kidney microsome)) a título mayor de 1/80. Una buena respuesta al tratamiento esteroideo es también un dato que confirma el diagnóstico .Se deben siempre excluir otras causas que justifiquen el daño histológico (consumo de alcohol, virus hepatotropos: A, B,C, Epstein-Barr, enfermedades metabólicas hepáticas, fármacos etc). Se ha propuesto un sistema cuantitativo para definir de manera más precisa qué pacientes cumplen los criterios diagnósticos de hepatitis autoinmune (Tabla 10.1).

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