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Trasplante Hepático de Donante Vivo

INTRODUCCIÓN
El desarrollo del trasplante hepático de donante vivo (THDV) está estrechamente relacionado con la escasez o ausencia de órganos cadavéricos, y sus comienzos están determinados por la mortalidad en lista de espera de receptores infantiles. Esta mortalidad es variable según los lugares y épocas considerados, pero puede suponer un 20-50% de la lista infantil en Europa y Estados Unidos de Norteamérica.
Cuando Silvano Raia realizó el primer THDV el 8 de Diciembre de 1988 en Sao Paulo, calculaba que la probabilidad de que un receptor potencial falleciera en lista de espera en Brasil era de un 50% para adultos y de un 73% para niños. El primer THDV con supervivencia prolongada fue realizado en Brisbane por Russell Strong poco después.
El receptor fue un niño japonés y su madre la donante. El reconocimiento de la muerte cerebral por ley es muy reciente en Japón, y a finales de los 80 era prácticamente imposible la utilización de donantes cadavéricos. Aún hoy en día el número de estos es escasísimo para una población de 125 millones de habitantes.
El trasplante hepático se ha convertido en una técnica habitual en los países con una medicina avanzada. Esto es así gracias al desarrollo de la técnica, los avances en inmunosupresión y la mejora de los cuidados perioperatorios. La década de los 80 supuso un crecimiento masivo en el número de trasplantes, pero el crecimiento en el número de donantes no ha sido paralelo.
La escasez de donantes apropiados determinó el desarrollo de técnicas de reducción del injerto. Estas técnicas, con distintas modificaciones, se han utilizado por distintos grupos de trasplante, y han permitido el trasplante de numerosos niños y adultos de bajo peso. Por el mismo motivo se iniciaron también los trasplantes con hígado dividido o “split”, utilizándose un injerto para dos receptores simultáneamente gracias a la bipartición hepática. Los injertos reducidos disminuyen el número de injertos disponibles para los receptores de mayor peso. Si la coordinación interhospitalaria e internacional fuera óptima no habría lugar para este tipo de injertos, salvo en casos de extrema urgencia. La ventaja fundamental del injerto dividido o compartido es la multiplicación de injertos, pero su utilización generalizada no es fácil, debido a dificultades técnicas, requerimientos de infraestructura y calidad dudosa o insuficiente de algunos de los injertos para tal procedimiento (lo que podría abocar a un fallo primario doble). En algunos centros se han hecho esfuerzos importantes para el aprovechamiento de injertos para bipartición, con buenos resultados en cuanto a obtención de número de injertos y resultados de supervivencia de los mismos (Paris).
Otros dos procedimientos posibles pero infrecuentes para aumentar el número de injertos son la reutilización de órganos ya trasplantados y el trasplante “dominó”. En el primer caso utilizamos injertos procedentes de trasplantados que fallecen por razones ajenas al hígado, funcionando éste con normalidad. Se ha efectuado en pocas ocasiones, por ser una situación poco habitual, pero los resultados son buenos. El trasplante dominó se realiza con injertos procedentes de pacientes con polineuropatía familiar amiloidótica (PAF), que son normales en su función salvo en la formación de una proteína anómala que se acumulará con el paso de los años, por lo cual se utilizan en receptores mayores o con expectativas vitales limitadas.

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