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Trasplante Hepático Auxiliar

INTRODUCCIÓN
La necesidad de atender al soporte del enfermo con insuficiencia hepática, bien sea aguda o crónica, ha determinado el desarrollo de la técnica del trasplante hepático. El trasplante puede ser realizado extirpando el hígado enfermo o bien sin la retirada del hígado fracasado del receptor, mediante el uso de un hígado sano que colabora en el mantenimiento de la homeostasis de una forma auxiliar, aportando su función a la que resta del hígado nativo. Aunque un hígado auxiliar puede ser utilizado de forma temporal externa, este método entra dentro del concepto de las técnicas de perfusión en el mantenimiento del paciente en fallo hepático fulminante, y en este capítulo nos centraremos en el trasplante hepático implantado de forma auxiliar, conservando, ya sea total o parcialmente, el hígado del receptor.

EVOLUCIÓN DEL TRASPLANTE HEPÁTICO AUXILIAR
Desarrollo conceptual El trasplante hepático auxiliar fue iniciado en el animal de experimentación en la década de los 50 del siglo XX, siendo su objetivo final de aplicación mantener pacientes en situación de fallo hepático fulminante, condición potencialmente recuperable si se logra sortear los periodos críticos
de la insuficiencia. A tal fin se trasplantaba un hígado o parte del mismo de un animal en la cavidad abdominal de otro al que se producía un daño hepático, habitualmente en la gotiera derecha por debajo del hígado nativo, y se efectuaban conexiones vasculares utilizando sangre portal o de la cava, drenándose el efluente en la cava subhepática. El procedimiento resultaba exitoso un corto número de días, hasta que el rechazo ponía fin a la vida destruyendo el injerto, pero se pudo demostrar que incluso una pequeña porción de hígado injertado podía lograr la supervivencia de animales en modelos experimentales de fracaso hepático. Cuando pudo empezarse a controlar el rechazo en la siguiente década, se observó con frecuencia que el injerto hepático posicionado fuera de su lugar habitual, esto es, heterotópicamente, se atrofiaba. La causa de esta frecuente evolución a la atrofia venía condicionada según algunos modelos experimentales a la recepción del flujo sanguíneo portal; con un flujo portal derivado hacia el injerto este sobrevivía e incluso hipertrofiaba mientras el hígado nativo se atrofiaba, en tanto que sin flujo portal ocurría lo contrario, manteniéndose solo el hígado nativo. Abundando en el fenómeno otros experimentos avalaban la idea que el balance hepático entre hígado nativo y auxiliar injertado dependía de cuál de ellos tenía mayores ventajas; así, si al realizar el trasplante se efectuaba también una medida que condicionase alguna suerte de impedimento, bien fuese de flujo sanguíneo portal, o simplemente ligando los conductos excretores biliares, ya fuese al hígado nativo, o al injerto, ese hígado desaventajado experimentaba la atrofia.

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