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Recidiva tras Trasplante Hepático de Enfermedad no Viral ni Tumoral

INTRODUCCIÓN
El Trasplante Hepático (TH) es hoy una técnica más en el tratamiento de la insuficiencia hepática grave y la única definitiva. Si bien aspectos tales como la prevención y tratamiento del rechazo, la profilaxis de las complicaciones infecciosas y el refinamiento de la técnica quirúrgica, han sido un preocupación constante, en los últimos años ha crecido el interés por el estudio de la recidiva de la enfermedad de base. Esto es una consecuencia natural del mayor tiempo de actividad de los diferentes equipos, así como de los buenos resultados del procedimiento. Cada vez se amplía la población de pacientes portadores de un trasplante funcionante, y se prolonga más el tiempo de seguimiento.
Por otra parte, la difusión de la técnica lleva a que cada vez se evalúen más pacientes para TH, mientras que la disponibilidad de órganos permanece limitada. En este sentido, es revelador el observar cómo en los diferentes ámbitos fallece un porcentaje variable de pacientes en lista de espera. Si la enfermedad que lleva hasta el TH puede recidivar, existe teóricamente la posibilidad (y en la práctica esto se observa) de que el paciente vuelva a entrar en lista pasados unos años. Las consideraciones éticas que confrontan el cuidado hasta el final de los pacientes trasplantados con el derecho de los enfermos hepáticos a optar a este tipo de tratamiento no están dentro del objetivo de esta revisión, pero tampoco deben olvidarse. En la práctica, disminuiremos el impacto de este problema cumpliendo adecuadamente el propósito de seleccionar a los pacientes para TH teniendo en mente los resultados que su enfermedad condiciona.
La necesidad de hacer óptima la indicación del TH y además de conseguir no sólo el éxito a corto plazo, sino también la restauración personal y social del individuo enfermo, convierte en una obligación el conocer el pronóstico a largo plazo de cada enfermedad que lleva al TH y las posibilidades de manejo que se abren en cada paciente.
Aunque sólo este argumento bastaría a la hora de resaltar la importancia del estudio de la recidiva de la enfermedad primaria sobre el injerto, existe otro más importante, esta vez de orden individual. No se puede someter a un paciente, a su entorno y a los medios de financiación, fueren éstos los que fueren, a los riesgos, incomodidades, morbilidad y gastos de un TH si los resultados que se esperan no son buenos. El objetivo del trasplante hepático es prolongar la cantidad y calidad de vida del paciente portador de una hepatopatía. La consecución de este objetivo, se ve penalizada por una serie de factores que aumentan la morbimortalidad del procedimiento. Estos factores se pueden agrupar en varias categorías, teniendo en cuenta que algunos de ellos resultan difíciles de encuadrar.
La primera categoría comprende los que podríamos denominar factores achacables al propio procedimiento (en sus vertientes anestesiológica, médica y quirúrgica) y a sus riesgos inherentes. Dentro de este epígrafe, quedan comprendidos la mortalidad perioperatoria, las complicaciones quirúrgicas, el rechazo (agudo y crónico) y los diversos grados de disfunción del injerto, principalmente.

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