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Patología del Hígado Trasplantado

Los progresos en la preservación de órganos, técnicas quirúrgicas y tratamiento inmunosupresor han contribuido a prolongar la supervivencia de los pacientes con trasplante hepático, de tal forma que, en la actualidad, el trasplante hepático constituye una opción terapéutica bien establecida para el tratamiento de las enfermedades hepatobiliares irreversibles, agudas y crónicas.
El trasplante de hígado constituye un proceso mutidisciplinario en el que intervienen además de la cirugía varias especialidades médicas y otros servicios del hospital. El estudio anatomopatológico puede intercalarse en la cadena diagnóstica en las tres fases básicas del proceso, preoperatoria, intraoperatoria y postoperatoria. La primera etapa consiste en la valoración de los posibles candidatos y selección de los mismos. En general, los pacientes ya tienen un diagnóstico previo de hepatopatía irreversible pero no es excepcional la indicación de biopsia hepática para la determinación del estadio de la enfermedad (enfermedades colestásicas y metabólicas especialmente), del diagnóstico y grado de afectación de la misma (hepatitis fulminantes) o de la naturaleza y extensión de procesos neoplásicos. La fase intraoperatoria es, de hecho, la evaluación del hígado del donante y es tratada en otro capítulo de este texto.
La fase postoperatoria del trasplante de hígado se inicia lógicamente tras finalizar el implante hepático y en ella, la biopsia hepática es un elemento esencial para la correcta evaluación del curso del paciente. En esta fase, las biopsias se realizan de manera protocolizada o por indicación clínica debida a disfunción del injerto (Tabla 67.1). Los hallazgos histopatológicos de la fase postoperatoria constituyen el objeto primordial de este capítulo.

Fracaso Primario del Injerto (FPI)
La ausencia completa de funcionamiento del injerto es la forma más drástica de lesión del órgano implantado. Es una grave situación clínica que se manifiesta por ausencia de secreción biliar, coagulopatía grave, acidosis metabólica, hipoglucemia y marcada elevación de las transaminasas, correspondiente con la falta de función del hígado, en ausencia de trombosis arterial y que se empieza a manifestar en el periodo postoperatorio inmediato. El FPI se produce en el 5-10% de los trasplantes aunque algunos autores refieren cifras mucho menores. Este tipo de complicación requiere el retrasplante urgente. El cuadro histológico más frecuente es el de extensas necrosis hemorrágicas confluentes, de distribución parcheada (a diferencia de las lesiones isquémicas por hipotensión o trombosis arterial que son zonales); en otras ocasiones aparecen hemorragias portales y periportales, trombos biliares y microvacuolización
hepatocelular. En el primer caso, el hígado es grande, turgente y rojo intenso (Fig. 67.1); en el segundo caso, el hígado tiene un color más amarillento-verdoso, no es tan grande y no tiene aspecto suculento.

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