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La Anatomia Patológica en el Trasplante Hepático

Seleccionado el donante y el receptor por sus condiciones clínicas y compatibilidad inmunológica, se procede a la extracción del hígado donante y después a la extracción del hígado nativo del receptor. En estos momentos la intervención del patólogo es determinante si concurren determinadas circunstancias, tanto en el donante como en el receptor, que hagan dudar de la idoneidad del trasplante. El patólogo deberá realizar un estudio histopatológico intraoperatorio del tejido en congelación, dada la premura en obtener resultados que ayuden a discriminar entre lesiones que pueden contraindicar el trasplante o no.
La necesidad del estudio intraoperatorio se plantea fundamentalmente en el donante y sobre todo en el injerto (hígado donante) y sólo ocasionalmente en el huésped ya que es estudiado en profundidad, salvo en casos de fracaso hepático fulminante, cuando es incluido en el programa de trasplante hepático. Sin embargo, hallazgos de última hora o en el acto de extracción del hígado nativo, pueden hacer sospechar al cirujano la presencia de tumores inesperados o la extensión metastásica de un hepatocarcinoma ya conocido que requieren una confirmación histológica.
En el donante, aunque generalmente se conoce su historia clínica, pueden encontrarse lesiones preexistentes, sin relación con la causa del éxitus, en el hígado (injerto) o en cualquier otro órgano que planteen la necesidad de una biopsia intraoperatoria. Con mayor frecuencia el patólogo es requerido para valorar si el injerto sufre, o no, lesiones derivadas del tratamiento premortem o de los periodos de isquemia del órgano y en particular si observa esteatosis.

LESIONES PREEXISTENTES EN EL DONANTE
Son las que sufría el donante con anterioridad a la causa del éxitus. En el proceso de selección del donante o en el acto de extracción del injerto pueden encontrarse lesiones hepáticas o extrahepáticas que requieren un diagnóstico histológico inmediato para conocer su naturaleza. Éste es el caso de tumores ocultos asintomáticos, sobre los que es absolutamente necesario conocer su agresividad histológica ya que los tumores malignos contraindican el trasplante aunque no consten metástasis hepáticas. Pero los tumores benignos no influyen en la selección del injerto aunque estos tumores se encuentren en el hígado, salvo por dificultad técnica debido a su localización o extensión, como adenomas hepáticos, hiperplasias focales, granulomas no necrotizantes, etc. En estos casos la resección local suele salvar al injerto. La presencia de esteatosis intensa también es motivo de exclusión mientras que las hepatitis reactivas
inespecíficas no son excluyentes ya que no causan problemas posteriores.

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