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El Hueso en el Trasplante Hepático

INTRODUCCION
La década de los ochenta ha significado para el trasplante hepático (TxH) su reconocimiento como la terapeútica de elección en enfermedades hepáticas terminales y progresivamente mortales. A lo largo de la década de los noventa esta opción de tratamiento se ha convertido en un procedimiento sistemático para combatir dichas enfermedades.
Uno de los cambios más importantes de los últimos años ha sido el marcado incremento del número de trasplantes de órganos realizados en el mundo. España se ha convertido en el país con mayor donación de órganos. Así, en el año 1995 el número de donantes de órganos en el país fue de 27 por millón de habitantes, mientras que en otros países la cifra osciló entre el 5,6 de Grecia al 20,9 por millón de EEUU. Esto es debido a varios factores. En primer lugar en nuestro país se han creado y consolidado estructuras nacionales y autonómicas para racionalizar y coordinar la distribución de los órganos para trasplante. En segundo lugar se ha creado una figura de coordinador de trasplantes en cada centro hospitalario y por último, se han liberalizado los criterios de aceptación de donantes, de tal forma que donantes que tradicionalmente no se hubieran aceptado por su edad o por su alteración hemodinámica o funcional, en la actualidad se aceptan.
Como ocurre con el resto de los trasplantes, el número de enfermos sometidos a TxH ha aumentado a lo largo de estos años. Según los datos publicados por el European Liver Transplant Registry en el año 1988 se realizaron 1279 y en el año 1996 se practicaron 3357 trasplantes de este órgano en distintos países europeos.
Por otro lado, en los últimos años somos testigos de una disminución de la mortalidad del enfermo trasplantado. La supervivencia a un año oscila entre el 62,7% del trasplante de corazónpulmón conjuntamente, al 97,3% para el receptor de riñón. A largo plazo la supervivencia a 5 años oscila entre el 41,4% del receptor de pulmón y corazón, al 90,3% del trasplante renal. Con respecto al TxH, después del trasplante el 92% de los pacientes se encuentran subjetivamente bien, realizando el 85% una vida normal. Esta mayor supervivencia se ha debido a un perfeccionamiento en la técnica quirúrgica y al uso de nuevos fármacos inmunosupresores.
Al aumentar la supervivencia de los pacientes emergen complicaciones propias del trasplante. Entre otras, se ha descrito el desarrollo de una progresiva enfermedad ósea, como ocurre en el trasplante renal, de médula ósea y cardiaco. Esto supone un incremento en la morbimortalidad y en el coste de estos pacientes, ya que existe una mayor frecuencia de fractura, colapso vertebral y osteonecrosis.

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